¿Pueden unas creencias ser base firme para orientar y guiar la vida humana, libre de conflictos y contradicciones?

Esto no es un ataque contra las religiones por más que se diga que las mismas se basan en creencias y éstas, ya se sabe, se creen o no se creen. Por esta razón, la mayor parte de las religiones más influyentes tienen en sus pilares fundamentales el de la fe: esto es, una adhesión inquebrantable a sus principios y normas, aunque no se puedan demostrar. Estos cuestionamientos de la fe en sus dogmas dieron lugar, dentro de las propias organizaciones religiosas, a serios cismas irreconcialiables, lo que sin duda contribuye a cuestionarse una respuesta afirmativa a la pregunta inicial.

¿Por qué las creencias religiosas no nos libran de los sufrimientos y conflictos mentales?

Un sujeto -se dice-, para orientarse y conducirse en la vida, necesita unos principios firmes y verdaderos. Para ello, cada individuo recurre a la religión en la que fue adoctrinado para ver cómo debe comportarse en cualquier situación conforme a las normas, preceptos y mandamientos prescritos para su profesión de fe. Esto se ve sobre todo cuando alguna enfermedad grave -digamos un cáncer- ronda la familia. Llegados a este punto, uno se agarra a lo que sea: los más allegados a la parroquia, contactarán con los ministros religiosos que le dirán más o menos “estamos en las manos de Dios, sólo nos queda pedirle ayuda con fe, y si quiere… ofrecer un sacrificio o lo que usted vea”.

La mayoría de las personas desconoce el funcionamiento de su vida mental (psíquica)

Si un sujeto quiere estar seguro de que los pasos a dar o las medidas a tomar son las correctas, debe partir de un buen conocimiento del funcionamiento de las distintas partes, así como de su organización y estructuración y que tienen como base fisiológica el cerebro. Y no nos estamos refiriendo al estudio del cerebro como tal órgano con sus respectivos hemisferios o lóbulos, sino a la rica vida mental, independientemente de en qué zona del mismo se encuentre su soporte neuronal.

El sufrimiento

Suele asociarse el sufrimiento con cuadros psicológicos, como es el caso de depresión, la tristeza o el abatimiento, como si fuese una característica propia de esos estados, cuando, en realidad, es un denominador común de toda nuestra sociedad, y que está en el trasfondo de nuestra cultura, siendo un indicativo de que la misma hace aguas por todas partes, y de ahí las evasiones a través del alcohol y las drogas.

El déficit de atención

Cuando los padres observan que su hija/o no tiene unos rendimientos académicos satisfactorios y que más bien rehúye las situaciones de estudio y aprendizaje, comienzan a inquietarse y a buscar la solución: van de un sitio a otro hasta que alguien le da el diagnóstico: ”Tiene déficit de atención”.

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