¿Por qué las creencias religiosas no nos libran de los sufrimientos y conflictos mentales?

Un sujeto -se dice-, para orientarse y conducirse en la vida, necesita unos principios firmes y verdaderos. Para ello, cada individuo recurre a la religión en la que fue adoctrinado para ver cómo debe comportarse en cualquier situación conforme a las normas, preceptos y mandamientos prescritos para su profesión de fe. Esto se ve sobre todo cuando alguna enfermedad grave -digamos un cáncer- ronda la familia. Llegados a este punto, uno se agarra a lo que sea: los más allegados a la parroquia, contactarán con los ministros religiosos que le dirán más o menos “estamos en las manos de Dios, sólo nos queda pedirle ayuda con fe, y si quiere… ofrecer un sacrificio o lo que usted vea”.

La mayoría de las personas desconoce el funcionamiento de su vida mental (psíquica)

Si un sujeto quiere estar seguro de que los pasos a dar o las medidas a tomar son las correctas, debe partir de un buen conocimiento del funcionamiento de las distintas partes, así como de su organización y estructuración y que tienen como base fisiológica el cerebro. Y no nos estamos refiriendo al estudio del cerebro como tal órgano con sus respectivos hemisferios o lóbulos, sino a la rica vida mental, independientemente de en qué zona del mismo se encuentre su soporte neuronal.

La reclusión: cómo sacarle partido (posibilidades terapéuticas)

Esta es una experiencia nueva para la mayoría de los ciudadanos. El recuerdo que mi mente, como toda mente, que instantáneamente buscó entre las experiencias pasadas, algo similar para no sentir la angustia de lo novedoso, fue una película de Buñuel, vista hace muchos años, en la que los protagonistas estaban recluidos en una parte de la casa, en el salón, siendo incapaces de abandonarlo de puro bloqueo.

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¿Por qué nos pintamos los labios de color rojo o nos dejamos bigote?

Si alguien tiene el atrevimiento de preguntar a una mujer por el motivo o razón de pintarse los labios, probablemente no obtendría una respuesta que le diese una explicación más allá de sentirse atractiva, favorecida o más segura de sí misma. Y si para satisfacer su curiosidad la invita a indagar preguntándole por qué cree o en qué se basa para pensar que así está más atractiva, de seguro recibirá una respuesta semejante a una buena sacudida.

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