El orgasmo femenino en el recuerdo

Este pasado fin de semana me encontré con un antiguo compañero de infancia y de estudios, pues habíamos hecho el ingreso y bachillerato en el mismo colegio. Hacía ya algún tiempo que no nos veíamos así que nos hemos invitado mutuamente a un café para recordar viejos tiempos y hacer un balance de nuestras experiencias profesionales respectivas, ginecología y psicoterapia, vistas ahora en perspectiva, cuando ya se pueden extraer algunas conclusiones.

La imagen de sí mismo

Cuando un sujeto desea someterse a psicoterapia, independientemente de cuál sea la dificultad a abordar, deberá afrontar, como algo vinculado a la misma, el hecho de la imagen que tiene de sí mismo. De entrada, se puede decir que casi todo el mundo da por hecho que el tener una imagen de sí es lo normal y natural. Puesto en negativo, si no se tiene una imagen de sí, es que psíquicamente algo falla y ese sujeto poco menos que no sabrá quién es. Para que te quede claro, si tienes una imagen de ti, tu eres el que no está bien. Lo que ocurre es que esa curiosidad de la capacidad analítica que se cuestiona el fondo de las cosas, no la hemos aplicado a observar la imagen para ver su funcionamiento, y si es algo real y sin contradicciones.

Nuestros conflictos psicológicos

“El proceso de combatir algo sólo alimenta y fortalece aquello contra lo que luchamos”; Jiddu Krishnamurti. Retomamos este aforismo porque resume muy bien el proceso de nuestros conflictos psicológicos: algo que forma parte de nuestro ser y que no aceptamos como nuestro porque nos resulta desagradable y, por ello mismo, tratamos de desembarazarnos, de sacárnoslo de encima, precisamente porque no nos gusta la imagen nuestra con “esa” característica, que tildamos de defecto o torpeza; las hay de muchas clases: obsesión por la limpieza, por el orden, ideas compulsivas (impulsos a cometer acciones que no se desean realizar), fobias, etcétera.

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