¿Pueden unas creencias ser base firme para orientar y guiar la vida humana, libre de conflictos y contradicciones?

Esto no es un ataque contra las religiones por más que se diga que las mismas se basan en creencias y éstas, ya se sabe, se creen o no se creen. Por esta razón, la mayor parte de las religiones más influyentes tienen en sus pilares fundamentales el de la fe: esto es, una adhesión inquebrantable a sus principios y normas, aunque no se puedan demostrar. Estos cuestionamientos de la fe en sus dogmas dieron lugar, dentro de las propias organizaciones religiosas, a serios cismas irreconcialiables, lo que sin duda contribuye a cuestionarse una respuesta afirmativa a la pregunta inicial.

¿Por qué las creencias religiosas no nos libran de los sufrimientos y conflictos mentales?

Un sujeto -se dice-, para orientarse y conducirse en la vida, necesita unos principios firmes y verdaderos. Para ello, cada individuo recurre a la religión en la que fue adoctrinado para ver cómo debe comportarse en cualquier situación conforme a las normas, preceptos y mandamientos prescritos para su profesión de fe. Esto se ve sobre todo cuando alguna enfermedad grave -digamos un cáncer- ronda la familia. Llegados a este punto, uno se agarra a lo que sea: los más allegados a la parroquia, contactarán con los ministros religiosos que le dirán más o menos “estamos en las manos de Dios, sólo nos queda pedirle ayuda con fe, y si quiere… ofrecer un sacrificio o lo que usted vea”.

La mayoría de las personas desconoce el funcionamiento de su vida mental (psíquica)

Si un sujeto quiere estar seguro de que los pasos a dar o las medidas a tomar son las correctas, debe partir de un buen conocimiento del funcionamiento de las distintas partes, así como de su organización y estructuración y que tienen como base fisiológica el cerebro. Y no nos estamos refiriendo al estudio del cerebro como tal órgano con sus respectivos hemisferios o lóbulos, sino a la rica vida mental, independientemente de en qué zona del mismo se encuentre su soporte neuronal.

¿Por qué nos pintamos los labios de color rojo o nos dejamos bigote?

Si alguien tiene el atrevimiento de preguntar a una mujer por el motivo o razón de pintarse los labios, probablemente no obtendría una respuesta que le diese una explicación más allá de sentirse atractiva, favorecida o más segura de sí misma. Y si para satisfacer su curiosidad la invita a indagar preguntándole por qué cree o en qué se basa para pensar que así está más atractiva, de seguro recibirá una respuesta semejante a una buena sacudida.

¿Sabías que la atracción por el sexo y por la velocidad tienen la misma causa?

Cuando se está escuchando una noticia acerca de un accidente de tráfico, de un vehículo en el que iban varios jóvenes y acabaron falleciendo todos, en lo que primero se piensa es en el alcohol o las drogas como probable causa. Sin embargo, antes de que estuviesen tan extendidos los narcóticos, el binomio juventud y velocidad ya estaba creado. Las drogas y el alcohol tienen, sí, su influencia como factor desinhibidor de la conciencia para que nos esté recordando que te la puedes pegar. Pero no es la verdadera causa que está detrás de la atracción por la velocidad.

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