Camino de Santiago y del autoconocimiento

Caminos, rutas, cargadas de espiritualidad y generalmente divididas en etapas o fases a cubrir en sucesivos días, con el fin de avanzar en el otro viaje (el del conocimiento interior). Es una experiencia que se encuentra en muchas culturas. Aquí en la nuestra, la occidental, cristiana, la más conocida es la Via Crucis (ruta simbólica), emulando la figura de Jesús, camino del Calvario, en catorce estaciones.

Sin embargo, el Camino de Santiago, con sus diversas rutas, con muchos siglos de existencia y, sobre todo, actualmente despojado de sus connotaciones religiosas concretas, trasciende la vinculación al credo religioso en el que nació para convertirse en una experiencia-proceso espiritual o psíquico de conocimiento interior.

A pesar de todo, de la propaganda política, de las ediciones cuidadas de los folletos informativos que podemos encontrar en las agencias de viajes y Delegaciones de Turismo de la Consellería de Cultura de la Xunta de Galicia, lo cierto es que está muy descuidado en su aspecto fundamental, cual es la introspección, ese autoconocimiento por parte del peregrino, utilizando como recurso la andada, para llegar a trascender (en el sentido de superar) ese YO, que creemos ser y que más bien es una reja a nuestro alrededor.

Como no queremos hacer esto muy largo, vamos a bosquejar unas cuantas ideas básicas de lo que debería constituir el cuerpo de una Guía que ayudase al peregrino en el conocimiento de sus vivencias y sensaciones (sentimientos), a través de su “cuerpo-sentiente” que diría Zubiri, con una profundización introspectiva gradual a medida que avanza en los tramos en su aproximación a Compostela, momento en que, si todo fue bien, se debería llegar a un grado de discernimiento que trascendiese las limitaciones de nuestro pensamiento a la vista de semejante cielo (Campus Stelae) y ante la extraordinaria fachada de la catedral.


Esta guía, que como tal, emplearía un estilo directo dialogante con el peregrino, al que se aconsejará, al inicio del camino que no meta en la mochila ese montón de ideas que nos suelen acompañar en nuestra cultura y que son como una burbuja que nos protege -eso creemos- cuando estamos sobre el asfalto: aunque parece que no, pesa lo suyo y ahora no las vamos a necesitar: sólo tenemos nuestro cuerpo inteligente que nos va a transmitir mucha información sobre nuestra persona a poco que estemos atentos.

A medida que avanza el camino, se comprobará que el grado de sensibilidad para escuchar nuestro cuerpo alcanza unos niveles extraordinarios: en medio de una hermosa naturaleza, muchas veces silenciosa, nos permitirá oír nuestros cansinos y rítmicos pasos: esto llevará forzosamente a desarrollar una gran percepción alerta, como nunca antes se había tenido: sentimos las piernas, los pies cansados, el corazón. Estamos utilizando el cuerpo para tomar conciencia del aquí y el ahora.

Todo este proceso debe ser conducido mediante preguntas-clave que llamen la atención del peregrino sobre esas sensaciones internas que despertarán vivencias en ese camino interior. Pero no sólo se debe utilizar el cuerpo como fuente de sentimientos. Los paisajes por los que se va transitando invitan a unos estados psíquicos determinados: no olvidemos que formamos una unidad con el paisaje, somos parte de él, y que tiene su propia energía que podemos asumir.

Si todo  va bien, como es de esperar, cuando se llegue a Santiago la experiencia nos parecerá única: la concepción de la vida, la visión de nuestra persona concreta ya tiene otra perspectiva más amplia y rica.

Otra posibilidad, como alternativa, cuando se trata de pequeños grupos de hasta 5 ó 6 personas, además de la guía personal a la que nos acabamos de referir, sería el poder contar con una persona-guía, especializada en estos procesos de transformación personal, siguiendo las indagaciones introspectivas a partir de las experiencias corporales. La solicitud de este servicio se tramitaría a la Xunta de Galicia quien sería la controladora de su funcionamiento y responsabilidad, así como tener creado dicho servicio.

Esta persona-guía especialista iría recorriendo por adelantado, cada tramo previsto por el grupo de peregrinos y esperándolos en el albergue o posada donde tuviesen pensado pasar la noche. Después de descansar y asearse, se hablaría del tramo y de las sensaciones y vivencias despertadas así como de su significado. También se hablaría del tramo del día siguiente, llamando también la atención de los paisajes por los que se va a pasar, incorporando la riqueza cultural acumulada a través de los años, por lo que a vivencias despertadas se refiere, bajo la modalidad de cuentos, leyendas, etcétera, que muchas veces son muy sugestivas. Estos aspectos también se deben incorporar a la guía de carácter individual. No se entra en los aspectos económicos que sería un tema a estudiar para ver la repercusión y distribución de gastos.

El Camino de Santiago debe ser atendido de una forma profesionalizada, pues es un recurso turístico, una riqueza cultural abandonada, desaprovechada: con ello se ganaría en difusión y profesionalización por lo que a la experiencia se refiere.

Siendo niño y estando en el pueblo natal, Castro de Laza, veía pasar a los peregrinos con su mochila al hombro, procedentes de la ruta portuguesa, que entraba por Verín. Enfilaban la cuesta de la Requeixada (14 Kms) para pernoctar en el pueblo de Alberguería (el nombre lo dice todo). Al día siguiente, poco tiempo después de haber dejado atrás el pueblo, podía divisarse una inmensa laguna, la de Antela.

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