Las religiones en la sociedad actual

Como todas las organizaciones cuando son mastodónticas, las religiones monoteistas se vuelven anquilosadas, con una inercia en su desarrollo y poca adaptación a las sociedades en las que están implantadas.

A día de hoy  “la historia de las creencias y las ideas religiosas” (es también el título de un libro) está lo suficientemente documentada como para comprobar que las raíces de las religiones actuales derivan de la etapa mitológica.

Por eso, no se explica muy bien cómo los sistemas de enseñanza que defienden las habilidades mentales y el progreso de la racionalidad en todas sus expresiones, admiten, comparten aulas, con una enseñanza religiosa que está cargada de ideas que pertenecen a etapas anteriores del pensamiento (etapa mágica): esto está en contradicción con el resto de enseñanzas que potencian el desarrollo mental: no hay mejor ejemplo de esto que comprobar la cantidad de guerras ocasionadas por las religiones a lo largo de la historia de la humanidad.
Decíamos más atrás, que el mundo religioso está cargado de pensamientos de tipo primitivo, de carácter mágico. Solamente vamos a poner un ejemplo. Dentro de la religión cristiana, la de nuestra cultura, el acto fundamental en la liturgia es la Santa Misa;  y aquí, el momento más importante es la participación en la Eucaristíca de la Comunión, en la que se come el pan que representa el cuerpo de Jesús, con la creencia-convicción de que así me voy asemejar a Él. Sin que nadie se ofenda, no se pretende faltar al respeto, ese comportamiento lo vamos a comparar con el de un dirigente africano, Idi Amín, que después de matar a sus oponentes, guardaba sus hígados en la nevera para comérselos, con el convencimiento de que las cualidades  y atributos de aquellos, pasarían a su cuerpo, una vez ingeridas sus vísceras.

¿Quiére esto decir que las religiones no tienen cabida en las sociedades actuales? Ni mucho menos. Es más, históricamente la transmisión de la cultura estuvo ligada a los monasterios, y hasta no hace mucho asumieron la responsabilidad de la enseñanza porque el Estado todavía no se hacía cargo. Pero ahora quedaron liberadas de ese trabajo.

Entonces, ¿cúal sería hoy su sentido? Pues, en primer lugar, abandonar toda actividad mágico-litúrgica, que ya perdió su sentido y a la gente no le dice nada, para volver a los orígenes, cuando se profundizaba en el conocimiento interior para el que se utilizaban las parábolas, y ayudar así a dirigir, canalizar esa enorme energía interior que acabará descubriendo el falso Yo  -”EL QUE ME QUIERA SEGUIR, NIÉGUESE A SÍ MISMO”- hasta llegar a unos niveles superiores: de esta forma se cubriría un hueco en el currículo educativo, en los centros de enseñanza, que no está suficientemente atendido por los planes de estudios.

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