Vivimos en una época en la que todo parece suceder deprisa. Tenemos que tomar decisiones, responder a las exigencias del trabajo, mantener relaciones, afrontar cambios y, al mismo tiempo, intentar sentirnos bien. Sin embargo, no siempre disponemos de un espacio para detenernos y preguntarnos algo tan sencillo —y a la vez tan complejo— como: ¿qué me está pasando?
